domingo, 18 de marzo de 2012

GUERRAS DE LA EDAD ANTIGUA

La guerra del opio:
La guerra del Opio o Guerra anglo-china ocurrió entre 1839 y 1860 y fue el resultado de los conflictos comerciales entre China y el Reino Unido. China estaba intentando prohibir el consumo de drogas, particularmente del destructivo opio que generaba fuertes adicciones entre su población con las graves consecuencias sociales y económicas mientras que Gran Bretaña contrabandeaba el opio procedente de la India británica y lo introducía en China.
La droga se cultivaba en China desde el siglo XV, se mezclaba con tabaco de acuerdo con una receta inventada por los españoles, los holandeses dominaron el mercado a partir del siglo XVII y el consumo se generalizó tras el contrabando británico en el XVIII. Tras percatarse de los problemas de salud vinculados con el opio, en 1829 el gobierno imperial chino prohibió su consumo; la droga comenzó a circular clandestinamente.
El Emperador Daoguang, alarmado ante el creciente y desenfrenado consumo de Opio en China , encomendó a Lin Hse Tsu su combate. Lin Hu Tsu ordenó la destrucción de cerca de veinte mil cajas de opio y envió un correo a la Reina Victoria pidiendo que respetase las reglas del comercio internacional, no introduciendo más opio a suelo chino. Por toda respuesta, en noviembre de 1839, la reina Victoria envío a la flota británica para atacar a la armada china en Hong Kong, iniciándose la contienda, de la resultaría derrotada China. En la guerra del Opio estarían implicadas otras naciones, como Francia, aliada y socia comercial de Gran Bretaña y Alemania.
Tras perder, China se vio obligada a tolerar el comercio del opio y a firmar tratados unilaterales y humillantes en los que se le forzaba a abrir sus puertos, en el Tratado de Nankín, China cedió Hong Kong a Gran Bretaña y amplió el territorio de concedido a los portugueses.

Batalla de kadesh.

Considerada la batalla más antigua sobre la cual puede hacerse un rastreo completo, la Batalla de Kadesh se llevó a cabo hacia fines del siglo XIII a.C entre los imperios egipcio e hitita por la dominación del el territorio sirio.
Siria estaba originalmente en manos egipcias pero debido a una serie de modificaciones durante el faraonato de Eknatón como, por ejemplo, la reforma religiosa por éste emprendida, hizo que pasaran a manos de los hititas. En 1295 el joven faraón Ramses II se enfrentó con el emperador hitita Muwatalis con el objetivo de recuperar zonas perdidas.
Para ello, Ramses lanzó una feroz campaña militar, logrando formar alianza con otros pueblos de la región que estaban en contra de los hititas, uno de los más importantes fueron los amorreos.
Enfrentados en Kadesh, los egipcios pertrechados en cuatro divisiones fueron engañados por el rey Muwatalis. Las fuerzas egipcias se dirigieron por el Oeste hacia el norte, esperando encontrar allí a los hititas. Por su parte, éstos, de acuerdo con lo planificado por el rey, se dividieron en dos grupos: uno de ellos debía salir al encuentro de los egipcios, dejándose apresar y comunicándoles que el resto de los hititas estaban hacia el norte. Por otra parte, otro grupo del mismo bando se hallaba en camino desde el este hacia el sur.
El emperador egipcio sólo había avanzado con dos de sus tropas, Amón y Ra, descubriendo el ardid cuando ya era tarde y no le era posible detener a los otros dos cuerpos. Es así como fueron sorprendidos y atacados a orillas del río Orontes, en Kadesh.
Los egipcios lograron sostener la embestida cuando ya la batalla estaba prácticamente perdida para ellos. Con cuantiosas pérdidas y las tropas dispersas, lograron oponer resistencia y contraatacar con una de las fracciones, logrando que Ramses II no pereciera.
Entre los dos bandos sumaban, aproximadamente, 20.000 hombres. La batalla dejó un saldo notable de vidas perdidas en ambos grupos, sin contar las pérdidas materiales.
Finalizada la ofensiva, Ranses II se retiró hacia Damasco y de allí a Egipto, sin pruebas de haber vencido al enemigo. De la misma manera, Muwatalis hizo una oferta de paz a su contrincante.

La batalla de issos:


La Batalla de Issos fue una ofensiva bélica en la que se enfrentaron el Gran Rey del Imperio Persa, Darío III y Alejandro Magno de Macedonia en el 333 AC. Ambos ostentaban la dominación del territorio sirio.

Cabe mencionar que el fin de Alejandro era, no sólo la unificación de Grecia, sueño que albergaba ya su padre, Filipo de Macedonia, sino llegar a conquistar Asia. En tanto que éste ya había alcanzado el dominio de los territorios al norte de Siria en detrimento de Darío III, hecho que le proveyó el control de la Península de Anatolia, el objetivo siguiente para era conseguir neutralizar las provincias fenicias, eliminando su poder en alta mar y en consecuencia, al mismo Imperio Persa.
Alejandro se estableció en las Puertas Sirias con el objetivo de dar batalla a Darío. Éste, sabiendo que parte de las tropas macedonias estaban en Issos, dio asalto a la ciudad, destruyendo y matando heridos macedonios. Cuando Alejandro supo esto, los persas ya estaban a orillas de río Píramo, es decir, a sus espaldas.
El ejército fenicio contaba con gran cantidad de hombres, unos 200.000, compuesto por soldados, mercenarios griegos y la famosa tropa elite de Darío, “Los Diez Mil Inmortales”.
Entre las filas de Alejandro no llegaban a contarse más de 50.000 soldados, entre macedonios y griegos.
Aún así, la estrategia planeada por el macedonio permitió que el triunfo les fuera concedido: abiertos en tres frentes, Alejandro atacó todos los flancos persas y su formación central. Esta organización tomó por sorpresa a Dario, quien debió huir con parte de su gente sin ser atrapado.
Si bien el Imperio Persa aún no había llegado a su fin, éste no estaba lejos. En tanto que el ejército de Darío era cuantiosamente más grande y mejor preparado que el de Alejandro, las estructuras del imperio no eran del todo sólidas, situación que Alejandro, a quien no debe restarse astucia militar, supo aprovechar habilidosamente.
La Victoria en la Batalla de Issos abrió las puertas de Siria para Alejandro y, en consecuencia, también las de Asia.

 La guerra de galias:

En la Galia habitaba la población originaria sumada a los celtas que luego se le fusionaron. Roma intervino el lugar con fines de protección y se asentaron en ese territorio, lugar por donde pretendieron pasar los helvecios, pidiendo para ello permiso a Julio César que había conseguido ser nombrado Propretor en las Galias por el término de cinco años, luego de finalizar su mandato como Cónsul en el año 58 a.c.
Los eduos que residían allí le pidieron ayuda a los romanos para acabar con la amenaza helvecia, lo que Cesar pudo lograr en Bibrante, en el año 58 a. C, debiendo los helvecios retroceder. Los tres años siguientes saqueó el territorio en dirección contraria a las agujas del reloj, sometiendo a las tribus de Alsacia y el Franco Condado, Bélgica y Normandía.
En el año 58 a. C también los germanos al mando de Ariovisto intentaron penetrar en las Galias y Cesar también los venció, aunque siguieron incursionando el territorio impidiendo la pacificación.
Mientras César se hallaba en Britania, adonde se había dirigido en el 54 a. C. los galos comandados por el arveno Vercingetórix, que se había proclamado como jefe supremo de los galos, se rebelaron pero fueron dominados por César al regresar en el año 52 a. cuando refugiado en la fortaleza de Alesia fue obligado a rendirse (batalla de Alesia). Las Galias se convirtieron en estados vasallos de Roma, debiendo abonar un tributo anual de diez millones de denarios.


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